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FINALIDAD
DE LA PRÁCTICA DE YOGA
La
finalidad esencial del Yoga es la realización del ser
humano por medio de la expansión de la consciencia. Desarrollar
e integrar todos sus constituyentes: un cuerpo sano que no sea
obstáculo al fluir de la vida, una mente clara y discriminadora
que nos haga diferenciar e indique el camino a seguir, cómo
optar, y un espíritu que exprese sus cualidades inherentes:
amor, sabiduría, humildad, comprensión. Todo esto
permitirá una progresión hacia lo que en su potencial
ya existe: un ser humano "pleno".
Para ello, los ejercicios que el yoga nos ofrece, lo que se
conoce como causa instrumental, facilitará en gran medida
la labor humana sorteando obstáculos y superando circunstancias
adversas que de otra manera serían difíciles de
afrontar.
REQUISITOS INDISPENSABLES
Para tener éxito en esta noble y al mismo tiempo ardua
tarea evolutiva el Yoga reclama dos requisitos: práctica
constante y sistemática, sin interrupción, con
fe y respeto (abhyasa), y una actitud mental de no apego, de
desapasionamiento, de libertad ante todo aquello que es atrayente
y todo aquello que es repulsivo, un estado de acceso al equilibrio,
a la integración de lo vivenciado, al sentimiento del
amor y de la compasión (vairagya).
Estas dos condiciones, que van a ir deteniendo la corriente
de procesos de pensamiento (vrttii) y purificando la mente,
objetivo primordial de la práctica de yoga, se van obteniendo
de manera progresiva tanto en tiempo como en frecuencia, y en
paciente espera sin impulsos ni deseos propios.
La aplicación de ambos requisitos, abhyasa y vairagya,
va a constituir la sadhana, expresión práctica
de los diversos ejercicios que, eliminando los obstáculos
que causalmente se presentan, transformen la consciencia y aproximen
al individuo al estado de integración.
De lo dicho, se deduce la importancia de saber comprender y
aplicar la sadhana, la metodología yóquica.
CONSTITUCIÓN DEL INDIVIDUO
Dado que las ejercicios que la componen que adelante se expondrán,
están concebidos en función de la constitución
del ser humano, de una constitución que interacciona,
de unos cuerpos (Shariras) y de unos revestimientos o capas
(koshas) que son interdependientes, no debe hablarse de ejercicios
exclusivamente físicos, o energéticos, o mentales,
o psíquicos, o espirituales, sino de ejercicios que engloben
todas las facetas del individuo. Por ello, la práctica
debe realizarse con una visión conjunta y no dividida
de dichos constituyes humanos, no cayendo en errores tales como
yoga físico yoga mental, donde ambos aparecen separados
entre sí y amputados de su parte espiritual.
ÉXITO
EN LABÚSQUEDA ESPIRITUAL
El practicante en su afán de superación, para
afrontar con éxito su camino espiritual, debe cumplimentar
una serie de descubrimientos y apoyos, a saber:
1- Hacerse consiente dela fuerza espiritual (shakti). Confianza
en la fuerza interior. Tratar de sentirse habitado por ella,
de la infinita fuerza que reside en nosotros y que hay que liberar
desarrollando confianza y fe en ella. Esta fuerza, comprendida
y aplicada de la manera conveniente, debe mantener siempre su
significado esencial.
2- Encontrar un instructor competente (natha). Que esté
familiarizado con toda la metodología yóguica,
la haya experimentado y a su vez desarrollado cualidades que
acrediten su integridad. De esta manera el alumno recibirá
el conocimiento para canalizar su fuerza interior y los consejos
adecuados para su transformación.
3- Práctica precisa y sistemática (sadhana).Realización
de los ejercicios apropiados con precisión y de una manera
constante. Todo ejercicio debe comprenderse intelectualmente
(teoría) para después realizarse espiritualmente
(práctica). La propia significación de las palabras
ayuda a comprenderlo y a esclarecerlo. La práctica expresa
la noción de hacer, de actuar. Podríamos definirla
como "un conjunto de actividades voluntarias par al obtención
de resultados concretos". Pero ¿qué sería
una práctica sin la mínima relación con
la visión justa de lo que hay que llevar a cabo? El rigor
en la interpretación y aplicación práctica
por parte del discípulo va a ser indispensable por parte
de los objetivos. Y de la misma manera, ¿de qué
serviría la teoría, visión puramente especulativa,
sin posibilidades de utilización práctica? Solo
sería un simple conocimiento intelectual, falto de experiencia
y por lo tanto insuficiente. Podemos concluir que el yoga, teoría
y práctica son de hecho dos nociones indisociables y
deben comprenderse unificadamente.
BASE
DE APLICACIÓN PRÁCTICA
Toda
actividad viene controlada por la interacción de: inteligencia,
sensibilidad y voluntad. Producida la acción, la sensibilidad
informa a la inteligencia y la inteligencia regula la voluntad.
Aplicando a todo ejercicio esta base práctica, interacción
ajustada y armónica, tanto en las posturas (ásanas),
control y expansión de la energía (pranayama),
retracción de los sentidos (pratyahara), y en las técnicas
de concentración (dharana) y de meditación (dhyana),
el progreso será gradual y seguro.
ÁSANA. Si se adopta esta tríada equilibrada en
el ásana, en caso de pasivo o excesivo esfuerzo, la inteligencia
advertida por la sensibilidad estimulará o modelará
la voluntad y el tiempo de ejecución, aproximando el
ejercicio a lo que debe ser y así a su máxima
efectividad.
PRANAYAMA. Aplicando esta tríada al pranayama, una vez
asegurado el ásana, si la relación elegida y el
número de ciclos o veces a realizar no son los acordes
con la capacidad del practicante, dicha interacción lo
ajustará.
MEDITACIÓN
En las prácticas de pratyahara, dharana y dhyana, dicha
aplicación regulará el desarrollo de las mismas,
evitando excesivo esfuerzo mental y tendencias al adormecimiento
o estado inconsciente.
Podría decirse que ajustada la acción, las fuerzas
física, mental y espiritual, fluyendo en la misma dirección
se alían para impulsar la conciencia del practicante
hacia esferas más refinadas.
Fuente: Manuel Morata
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